Más allá de que la envidia sea un sentimiento incómodo, es también una proyección energética muy fuerte que puede hacer mucho daño a quienes la reciben. En este artículo, te cuento por qué la envidia es tan dañina y cómo protegerte de las personas envidiosas.

Ojos tapados con manos.

Ojos tapados con manos.


Me ha nacido el escribir sobre un tema al que considero que no se le da tanta importancia como debería: la envidia y quienes la experimentan. A pesar de que la envidia está socialmente mal vista, está muy implantada en nuestro día a día y todo el mundo conoce a alguna persona envidiosa. Tú, que estás leyendo este artículo, lo mismo tienes a alguien en mente también.

Culturalmente, se ha hablado mucho de la envidia. Hay quien la conoce como “el monstruo de ojos verdes” y, dentro de un contexto religioso, muchos la consideran como el peor pecado de todos.

La envidia surge cuando quien la experimenta siente un sentimiento de desagrado cuando otra persona consigue algo que desea y que no ha conseguido aún. Ese algo puede ir desde un aumento de sueldo, hasta una relación sentimental o, simplemente, una forma física determinada. La envidia cambia de persona a persona y puede darse el caso de que levantes envidias por algo que jamás te habrías imaginado.

El ego juega un papel muy importante en este asunto. Al hablar de alguien egocéntrico, nos referimos a un individuo que tiende a centrarse únicamente en sus deseos, necesidades y opiniones sin tener en cuenta los diferentes puntos de vista que le rodean. El egocentrismo nos impide ponernos en la piel del otro.

Puede darse el caso de que el ego nos haga creer superiores al resto, pero, sin embargo, el ego también nos puede hacer sentir inferiores a los demás, propiciando una comparación constante con quienes nos rodean, lo cual puede desembocar en una envidia atroz. Este tipo de ego es, desde mi punto de vista, mucho más peligroso que el primero.

Alguien envidioso no se va a parar a analizar y reconocer las horas que has invertido estudiando para ese examen que te salió tan bien o lo mucho que te has esforzado en encontrar a la pareja idónea para ti, sino que va a ver solamente una cosa: tú tienes eso que desea y de lo que carece.

Una persona envidiosa puede actuar de diferentes maneras. Puede, por ejemplo, alabar tus avances a la cara y criticarte a las espaldas, ignorar tus logros o ridiculizarlos, pero hay algo que nunca va a hacer: alegrarse genuinamente por ti. También, puede tratar de aprovecharse de tu energía para conseguir eso que tú tienes y que considera que le falta. Para ello, puede utilizar diferentes estrategias, entre la que se encuentra el dar pena.

El tema de la pena nos da para, por lo menos, otro artículo, pero considero interesante mencionarla también en este porque, querida musa, la pena es una estrategia de manipulación que funciona de maravilla. He reconocer que durante muchos años he sido manipulada a través de la pena por personas muy envidiosas.

Como las cosas se entienden mejor a través de historias, os voy a contar brevemente la mía, quizás alguien se identifique.

Durante muchos años, tuve problemas para quererme y aceptarme tal y como soy. Mi ego era de los que me hacían sentir por debajo del resto y, aunque nunca he sido envidiosa, sí que he levantado muchas envidias de las que no fui consciente a tiempo. Al sentirme tan poquita cosa, me resultaba simplemente impensable que alguien me pudiese tener envidia, pero, como he dicho antes, que tú creas que no tienes nada digno de envidiar no significa que te vayas a librar de despertar envidias a tu alrededor.

De niña y adolescente nunca fui la más guapa ni la más popular de la clase, de hecho, en el colegio era bastante pringadilla. De más joven, tuve varias relaciones amorosas, algunas muy tóxicas con hombres con una masculinidad muy dañada, pero, al tener una autoconsciencia tan baja, no supe poner los límites que habría necesitado. A nivel profesional y académico he estado y sigo formándome desde que tengo uso de consciencia. He trabajado en muchos sitios, tenido trabajos muy buenos y muchos días de vacaciones en comparación con lo socialmente establecido, pero nunca, ni una sola vez, he sido enchufada ni he tenido un padrino o una madrina que me facilitase el camino.

He viajado mucho porque, de mis inestables ingresos, siempre he ahorrado con ese fin, renunciando a planes sociales, a apartamentos más lujosos y a muchos caprichos. Tampoco he tenido una familia que me apoyase en exceso y mi camino como artista ha tenido que pasar por muchos altibajos.

Con esto no estoy diciendo que esté mal haber tenido facilidades, ni mucho menos. De hecho, ya me habría gustado a mí tenerlas, pero no es el caso. Cabría esperar que mi experiencia sirviese como ejemplo de superación, ¿no? Porque no considero que tenga nada de especial, sino que mi diligencia, constancia y años y años de terapia y de trabajo duro han dado su fruto… Pero, aunque sí que tengo personas a mi lado que se alegran de corazón por mí, también he tenido a otras que experimentaban una envidia salvaje por cada pequeño logro que obtenía. Y, una vez más, mi ego me impedía ver cómo eran en realidad y alejarme de ellas.

Cuando, finalmente, pude reconocer que estaba recibiendo envidias tampoco fue sencillo ponerles freno por una razón muy sencilla: las personas que me envidiaban tanto eran personas cercanas a mí con las que tenía años de amistad a las espaldas. Muchas de ellas recurrían a la pena para tratar que las ayudase a conseguir lo que decían que yo tenía y ellas no eran capaces de lograr. Me decían constantemente lo mal que estaban, lo bien que estaba yo y absorbían mucha de mi energía, ya que me daba pena que estuviesen así y trataba de ayudarlas a que mejorasen su situación. Pero, musas, las personas envidiosas muchas veces quieren, sobre todo, atención y en ahí donde cada cual tiene que escoger si dársela o no. Yo, ahora, escojo dedicar mi atención a seres más bondadosos.

Recibir envidias es altamente peligroso. Muchas veces, incluso, es más dañino que un trabajo de magia negra. Las envidias nos pueden bloquear los caminos, haciendo que eso por lo que tanto hemos trabajado no llegue o tarde más en llegar. También, pueden facilitar que son surjan problemas o tengamos accidentes, así como dañar nuestros vínculos sociales y nuestro bienestar físico.

Quienes nos envidian suelen ser personas cercanas a nosotras. Pueden ser miembros de nuestra familia, compañeros de trabajo o amigas de toda la vida. Se envidia a quien se conoce y esta gente se compara contigo situándose en una posición inferior. Como esta comparación les resulta incómoda, pueden tratar de ponerse a lo que ellas consideran que es tu altura o tratar de bajarte a ti a la tuya.

Si estás dispuesta a ver, es fácil reconocerlas y, una vez lo hagas, es esencial alejarte lo máximo posible de su influencia. Puede que tengas la enorme suerte de no tener que verlas más si no quieres, pero también puede darse que tengas que verlas con frecuencia o, incluso, a diario. Si este es tu caso, te recomiendo lo siguiente:

  • Cuéntales la menor información posible sobre ti misma. Cuanto menos sepan, menos información tendrán para envidiarte.
  • Trata de que la información sobre tus avances tampoco les llegue de forma indirecta. Aquí entran en juegos personas en común que le puedan informar sobre ti. Aunque duela, muchas veces hay que limitar el contacto con estas personas intermediarias.
  • Realiza rituales de volteo con frecuencia. La mejor fase lunar para esto es el cuarto menguante.
  • Una o dos veces al año, enciende una vela negra de siete mechas para liberarte de todas las proyecciones negativas que has podido recibir.
  • Si tiene el cabello lo suficientemente largo, trénzalo cuando vayas a estar con ellas y, también, lleva un cuarzo contigo.
  • Utiliza filtros en las fotos y vídeos que subas a redes sociales. Los filtros reducen la cantidad de energía dañina que llega a ti, pero no la eliminan por completo.
  • Enfócate en sentirte cada vez mejor. Cuanto más alta sea tu vibración, menor te van a afectar las envidias y proyecciones negativas que te puedan enviar.

Y, ante todo, no sientas pena por alejarte de ellas. Entiendo que es difícil, que puede ser que sea gente que te ha acompañado durante años y a la que tienes cariño. Entiendo que quieras mirar para otro lado o seguir teniendo la misma relación con esta persona aun sabiendo que es envidiosa, pero no te lo recomiendo.

Nos merecemos relaciones sanas, nos merecemos amigos que nos quieran, apoyen y cuiden, no a gente que se alegre cuando las cosas se nos den mal o que estén hirviendo de rabia por dentro cuando algo nos sale bien. Somos co-creadoras de nuestra realidad y a lo que dedicamos nuestra atención le damos más importancia.

Si centramos nuestra atención en gente que nos quiera, en persona positivas que sean capaces de alegrarse por nuestros avances, créeme si te digo que tenemos mucho ganado.

Te lo digo yo, que soy la persona más normal que conozco.